Cabo de Gata

En el Verano que ya ha muerto, estuve en el Cabo de Gata, Almería. La foto corresponde con la costa Oeste del cabo, una playa en línea recta de más de 8 kilómetros. El agua tan clara que los peces se veían sin gafas de buzo, desde el aire mismo mirando hacia la arena. Nadie tomando sol en un radio de 300 metros, tan solo nosotros, una sombrilla de colores obligados, una nevera con cervezas, un par de libros, música, y unas increíbles ganas de extender las vacaciones, o quedar olvidados allí para siempre, en la arena, como conchas.

Zanguango Teatro en Fiestas del Pilar

Fuente de foto: Página Web Zanguango

Magnífica representación de este grupo de Teatro en las calles de Zaragoza, exactamente en la Plaza del Justicia. Obra ingrediente de las Fiestas del Pilar que, con pena, terminan hoy.

La obra trata de unos presos y un par de guardias, encerrados todos en una jaula, y en el medio, un piano. La terapia carcelaria es cantar mientras un guardia (ella) toca el piano. Obra cómica a medias, y trágica también a medias. Ni lo uno ni lo otro. O todo a la vez, para dejar claro que la vida está llena de casualidades, de trágicos sucesos que pueden hacer que cualquiera acabe en la cárcel. Y para que la historia de cada preso no sea tan fuerte, o para suavizar la escena, el ambiente, y no llegar a las lágrimas, cada actor suelta bocadillos de humor, incurren en despistes, se ríen de ellos mismos y del público, los espectadores del sarcasmo, a fin de cuentas.

El único “pero” y una gran lástima, la deficiencia del audio. Ruido en los micro. Altibajos de los parlamentos de los actores. No obstante, la obra muy digna, alegre, triste, ruda, sexy, graciosa, musical. Teatro cóctel. De todo un poco y bien tejido. Teatro en la calle, en contacto directo con la gente, con el ambiente festivo de las Fiestas del Pilar.

Si tienen oportunidad de ver a Zanguango en acción, ¡corran a verles! Y cuando termine la obra, corran también: ¡pueden acabar en la cárcel!

El Estado cubano

Fuente de foto: El voto oculto

Me gustaría desprenderme de toda retórica y llegar al pragmatismo absoluto de la idea que quiero transmitir. Porque, al fin y al cabo, todo texto, todo discurso, tiene una o varias ideas que transmitir.

Y una gran –diabólica- virtud del Estado cubano es esa, unir la conciencia de millones de personas en torno a una idea, no ya transmitida, sino inyectada, clavada, taladrada, en la vida mortal de los cubanos. ¿Y cómo es posible eso? ¿Cómo es posible que personas de más de 60 años (por ejemplo) “crean” en la benevolencia del Estado cubano?

Sobre los más jóvenes, los que han nacido dentro de la burbuja, sería comprensible y lógico que no tuviesen otro punto de vista (objetivo) excepto aquel al que tienen acceso. Sin embargo, son los más visionarios.

Un anillo para dominarlos a todos, dijo J. R. R. Tolkien. Un discurso populista, cercano a la gente, afable, lúcido, con un enemigo estático, inmutable, perenne, dijo Fidel. Un enemigo cotidiano que acecha en cada rincón, como obra de teatro que necesita al personaje negativo para afianzar la idea positiva. Absolutamente un único discurso en cada vena cubana, para dominarlos a todos, dijo Fidel.

Háganse esta pregunta: Si la Radio, la Televisión, la Prensa Escrita, la literatura, las Canciones, los Grafittis del Estado, si Internet está superfiltrado, si todo en Cuba de forma institucional cuenta “la misma Versión de los Hechos”, ¿dónde está el sitio, el lugar, de los cubanos que ya han nacido en ese País y tienen otra “Versión de los Hechos”?

Y también esta otra: ¿Es tan humanamente perfecto el discurso de Fidel y del Estado, que puede avalar cualquier acto de exclusión al prójimo, cualquier muerte, cualquier prisión, para creer y justificar ciegamente en tan humano discurso?

O estas: ¿Por qué se habría de justificar todo acto de quién se ha erigido a sí mismo como salvador de los cubanos? ¿Hasta qué punto los males del Sistema Capitalista satisfacen al “ojo por ojo y diente por diente” del Estado cubano, hasta el punto, precisamente, de sacrificar familias enteras, de obligar a quien haya despertado de la pesadilla a vivir en otra parte, o en una cárcel, o morir para siempre en el mar?

Pero en Cuba nunca nada es suficiente.

La imagen superlativa del miedo a represalias, a vivir en peores circunstancias de las que ya vive un cubano, es callar. Así pues la gente anda calladamente, aceptando, afirmando, haciendo como que aplauden, haciendo como que comen y como que son felices.

Mejor mostrar un humor alegre y benigno antes que opinar o leer un libro clandestino. Mejor sonreír que observar con lupa las caries del sistema. Mejor sobrevivir que levantar un dedo para “solicitar” vivir dignamente. Mejor robarle al Estado que “comprender” que el Estado roba a los cubanos.

Entiendo que es algo increíble de asimilar, pero esto ocurre todos los días en Cuba.

El miedo es tal que la gente ve fantasmas uniformados ante las puertas de sus casas. La presión ideológica es tal que aún teniendo algunas gentes la posibilidad de leer otras cosas, vivir otros mundos, se aferran a que sólo existe Cuba y el mundo exterior, aunque lo vivan, es mentira.

Bien podría acuñar para Cuba “El mundo alucinante”, “La Tierra prometida”, “La casa de los pavores”. Pero tan solo es, el Estado cubano.

Velas

Fuente de foto: TarotLuz

Encendí velas porque siempre tengo en cuenta que hay que encender de vez en cuando recuerdos que van quedando olvidados.

Sin embargo, encender velas es mucho más sencillo. Es apenas dar luz. No es tan difícil como atar cabos en una oración, o en toda una vida.

Recuerdo cuando estaba a solas con ella, y no estaba ella, la última que vino, la niña que me satura de una alegría rechoncha. Éramos dos, y la casa era apenas la cueva que nos daba abrigo, el espacio de la complicidad, el rincón del compromiso. La felicidad pintada de sexo, de cariño, y de un par de cervezas sentados en el balcón. No se pedía nada más. Ni nadie pedía nada porque todo se estaba dando por sí solo.

Enciendo velas. Quemo raíces. Llamo hacia la luz los fragmentos vívidos de una vida diferente, pasada, pero no suficientemente recordada. El tiempo, como un archivador, pone un papel encima de otro hasta crear una columna de la cual solo vemos su capitel. Y así será. Nos dijeron.

Enciendo velas por ti, por mi, y por la niña rica de frutas y chocolate. Nuevos ambientes. Nueva casa. Nueva felicidad.

Sin embargo, doy luz a lo que ya pasó. Me siento en el suelo. Me cobijo en la alfombra. Miro la luz mortecina que mueve los objetos traídos de otros viajes, las fotografías nuestras, los ojos grandes de la niña, su sonrisa pícara, y enciendo otra vela. Por nosotros para siempre. Espanto. Y veo entonces lo que puede traer el futuro.

Concierto White, en Cuba

Está claro que conozco lo necesario sobre este concierto -ya pasado- Lo que pasó antes con los de Miami y con los propios protagonistas de Juanes y Miguel Bosé. Sin embargo hasta hoy, no he visto la necesidad de apuntarme a la comparsa.

Suena perfecto y hasta romántico hacer un concierto por la Paz, pero en Cuba todo suena a egocentrismo. Así que la Paz volaría en círculos, condicionada, y obligada a vestir de blanco. No sólo demostrado por este vídeo, sino también visto y escuchado en el programa “Salvados” de la sexta. Buscad en Youtube a ver si alguien lo cuelga.

Desconozco si Juanes y compañía han hablado públicamente del incidente en el Hotel Nacional, pero deberían hacerlo así como se hizo publicidad del tan esperado concierto pacífico. Pero, ay¡, fueron advertidos. Cuba siempre quiere (su gobierno) prevalecer, ganar, amañar hasta la Paz misma para sus propósitos de oveja víctima.

Queda demostrado, muy a pesar de nosotros los pacíficos, que Cuba necesita inventarse palomas.

Lo siento mucho por Juanes, Miguel, Olga, y los Orishas.

El poder cubano está podrido¡

Caballos y Domadores

El Burgo del Ebro. Una cuadra. Un corral. Un picadero.

Los caballos trotan majestuosos. Trotamos. Los caballos bailan a ras de la tierra, aquellos terrones de arena traídos a menos, así como nosotros comemos carne en una parrillada al aire infesto. Atmósfera a la brasa. Calor a los pies herrados de los caballos. Estribos que doman. Arreos que doman humanos en bullicio. Un cajón. Una música venida a más de Andalucía, mientras corre cerveza y vino en bota.

Gigantes animales de crin al viento. Hermosos. Nosotros bellos por minutos, y por unas horas, absortos del mundo encarrilado y domado. Nosotros. Los caballos en círculos forrados de un sudor blanco como no son sus dientes. Las correas que doman, las zanahorias del premio. Cuello corvo, crin trenzada,  y patas que se mueven al estilo marcial de ejércitos antiguos.

Lenguas húmedas de caballo en las manos. Músculos tensos. Ojo azabache. Otros ojos. Nosotros estábamos para vivir, y los animales para beber en lata y en bota.  El mundo galopaba. Llegamos.

¡Karamba!

Zaragoza. Sala Oasis. Muchos cubanos. Muchos españoles.

Sale el grupo cubano Karamba con el cantante protagónico enfundado en un gorro de invierno y unas gafas oscuras. Era de noche, y sólo hacía 18 grados. Música mezcla en las voces que cantan, en la tumbadora, en el piano, en la batería, en las guitarras eléctricas. Fusión termonuclear de ritmos difusos. Exceso de guitarras, y acordes tipo jazz, tipo blues, tipo salsa, tipo tecno, y pop, y funky, y reguetón. Al final había que escucharles. Pero.

¡Caramba¡ Algunas notas no aparecieron, o se olvidaron en la alegría rebosante del grupo, antes y durante. Chirriaban guitarras como bisagras mal engrasadas. La voz. Oye, las voces como patatas sin pelar, como grumos. Pero había que escucharles, y ver sus ademanes de la más pura escuela cubana de música. ¿Identidad? ¿Soy el rico mami ven pa´cá, en un par de ademanes tipo abanico, es identidad? Pero.

¡Caramba! ¡Al fin! Algo cubano que no parece “extrictamente” cubano. Se nota riesgo. Se respiró el hecho de huir del son, y de la salsa, y del songo, y de la Vieja Trova. Algunas canciones sobrevivieron a las carambolas de la noche. Otras aún duermen. Pero chico, ¡qué frescura más compacta¡ Todo fue diferente. Caras ámbar. Luces de colores y volumen arrollador.

El Karamba máximo se quitó su gorro de invierno y dejó ver su pelo afro años 70´s. El otro Karamba, el rubio, con gafas y sin proyectar la voz, pro-yec-tar, se dice. Pero bien. En general de 10 un 7 a toda la banda, a la Sala Oasis, y a los técnicos. No así a la cerveza con precios de alcurnia. ¡Caramba!

Es como decir: ¡Bienvenido Karamba!

¡Y hasta la próxima!